Hablar, somos profetas

Juanjo ha hecho mucho hincapié en intentar lavar nuestro lenguaje, desterrar de nosotros las palabras mal sonantes. Isaías vino ayer, y nos ayudó a confesar con nuestra boca los pecados.

«¡Ay de mí, estoy perdido, porque soy un hombre de labios impuros y vivo entre un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, Yavéh de los Ejércitos!» Is 6, 5

El cristiano vive santificando cada jornada, dando gracias. Quejarse de todo es una costumbre que hay que erradicar, porque significa vivir en la exigencia y con cara de amargado todo el día. Esto está muy lejos de la humildad.

 Hoy, Ezequiel, nos da una muy buena noticia, pronto volvemos a casa:

Los sacaré de las naciones, los reuniré de entre los pueblos y los traeré de vuelta a su tierra. Ez 36, 24

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