Si quieres vivir con alegría…

… ven con nosotros a Gil García!

Hoy copio lo que escribió Juanjo, nuestro párroco, en la hoja parroquial de hace unos días:

La vivencia de un Campamento de verano nos ayuda a aprender a leer el Evangelio de la Naturaleza, a valorar la unidad en el esfuerzo compartida, a respirar el aire limpio de la sierra, a contemplar las noches estrelladas, a reírnos juntos en las veladas nocturnas. Es todo un aprendizaje. De pronto, descubrimos que podemos vivir con pocas cosas y ninguna comodidad; que los móviles y las videoconsolas son sucedáneos de la verdadera amistad, del poder dialogar sin prisas, con calma, con otros chicos de otras parroquias y de otros lugares de la geografía española. Es toda una experiencia muy rica que nos ayuda a crecer como personas y a madurar como creyentes.

El vivir 10 días juntos nos permite desarrollar dimensiones que a lo largo del curso, por falta de tiempo, no nos es posible profundizar. Tareas como el compartir la misma tienda, espacios de oración, juegos, trabajos manuales, celebraciones, marchas, natación y otras muchas actividades, con otros niños, con otros jóvenes, es una oportunidad única para crecer en valores como el compartir sentimientos, aprender a jugar y desarrollar la creatividad juntos, ser solidarios, etc.

El campamento de verano es una experiencia de vida cristiana, vivida en comunidad, una comunidad grande formada por 140 hermanos. La oración de la mañana y al final del día jalonan las actividades de cada jornada. No es un campamento para entretener a los chicos, es una experiencia de encuentro con Jesús, que vino del cielo a acampar entre nosotros y revelarnos los misterios del Reino a los pequeños, a los que se hacen como niños. Por eso la actitud básica para poder participar en un campamento de estas características, es dejarse hacer, ir sin pretensiones, abierto a las sorpresas de cada día, sabiendo que Jesús nos ha dicho: “Id, que allí me veréis”.

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